El cubano del avión

Imagen de la Habana. Fuentes: blogs.elcorreo

Las sonrisas forzadas de las azafatas, esas instrucciones de seguridad por megafonía ante la ignorancia generalizada, la voz solemne del piloto anunciando la climatología en el lugar de destino. Todo ello forma parte de  esa especie de ritual monótono que rodea todo viaje de regreso en el que uno cuenta las horas que le quedan para llegar a su destino mientras que por su mente cruzan una amalgama de imágenes y lugares visitados. 

En esa extraña sensación me encontraba al emprender el viaje de vuelta a Bruselas cuando de repente, al tomar asiento observé el extraño comportamiento de mi compañero de asiento. Sin apenas cruzarnos la mirada, pude ver a un señor de pequeña estatura, piel tostada ya en su madurez vestido con una curioso atuendo que sin levantar la mirada ojeaba atentamente las hojas del journal "Le Figaro" mientras que con la otra comía compulsivamente unas galletas sacadas de un gran bolsa transparente situada debajo del asiento. De inmediato, me dí cuenta que se trataba de un hombre fuera de lo común." En la Habana, no ocurren estas cosas, la gente se adapta a lo que hay y punto" fue lo primero que dijo ante el comentario de una pasajera que pretendía sacar una de sus maletas del avión y facturarla ante la falta de espacio.

Imagenes de coches antiguos en la Habana

En ese momento no pude impedir una ligera mueca ante el acento tropical y desenfadado de este señor de apariencia formal. Fue solo el comienzo de una extraordinaria conversación, de las que te transportan a lugares desconocidos en donde pierdes la noción del tiempo y del espacio, "en Cuba hay muchas dificultades, existe la corrupción, la prostitución, no hay esperanza para los jóvenes, los salarios son muy bajos, pero yo no podría vivir en otro sitio, soy muy chovinista". Ya en ese momento, me limité a escuchar el relato de este señor, físico de profesión, Investigador y experto en semi-conductores, lo que le llevó a viajar por todo el Mundo socialista, " Praga, Berlin, Varsovia, hasta Ulam Bator fuí, visitando los templos budistas, y todo sin traductor, el gobierno cubano me dijo que no podía costearse el precio de dos personas por lo que me ví obligado a aprender ruso, todo ello en tres semanas en cursos nocturnos". Tras educarse en un colegio de élite americano en vísperas de la revolución, vivió con emoción la caída del Régimen aunque también le tocó la cara más amarga, " Yo viví la gran utopía, nadie puede imaginar lo que fueron los 60 y los 70, era una época de bonanza, no había corrupción, la educación era de altísimo nivel y la revolución sacó a mucha gente de la miseria" "Todo cambió a partir de los 90" lamentaba el señor con un ligero tono melancólico; " La caída del muro nos privó de nuestros socios comerciales y Cuba cayó en una gran depresión de la que aún no se ha recuperado" 

Mientras que el viaje seguía su curso, asistí absorto a su coloquio improvisado, el papel de la Iglesia en Cuba,  "al principio muy reaccionaria luego se fue adaptando y a día de hoy está muy aceptada y cumple con una i función social".  " Hoy nadie puede afirmar que no haya libertad religiosa en Cuba" afirmaba ante mi incredulidad. También trató temas como el alto nivel de las Universidades cubanas que acogen a estudiantes de toda Latino-América en especial las facultades de medicina. Por último lamentaba el terrible efecto que el embargo ha tenido en el desarrollo de la isla " Tenemos esa terrible sensación de país sitiado, nadie confía en nadie"


Imagen de Zarzuela cubana, género que persiste en la isla


Su propia vida era una caja de sorpresas. Trabajé en un programa nuclear que preveía la instalación de una central soviética en Cuba, la iniciativa se vió truncada por Reagan y gracias a Dios " sino hubiesemos liado algo peor que lo de Chernobil". Ante este panorama, se vió obligado a dejar su profesión de físico a punto de presentar su Tesis y se dedicó a pintar bicicletas en un taller durante 8 años, "Pude abandonar la isla, pero no quise, somos gente de familia y nos gusta lo nuestro"
Todo pudo terminar en fracaso hasta que un día  su vida cambió. Una señora francesa le encontró en la piscina leyendo un periódico . Extrañada le preguntó si quizás le gustaría unirse a su organización internacional, el no lo dudó un instante y emprendió su aventura en una ONG internacional de la que aún forma parte. Porque a veces de lo más monótono surge lo más extraordinario como decía el escritor cubano Alejo Carpentier: "En América Latina, lo maravilloso se encuentra en vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades... En nuestra naturaleza... Y también en nuestra historia."

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