Turquía o la esquizofrenia del gigante otomano.



Imagen de Estambul. Fuente: foto propia.

 Existen ciertas naciones con alma de imperio, así ocurre con la república de Turquía. La nación enclavada entre el adriático y el Mar Negro siempre ha tenido un peso geopolítico muy relevante. no en vano, es la cuna de múltiples civilizaciones desde el Imperio Romano de Oriente que sobrevivió  hasta la caída de Bizancio como del Imperio Otomano que gobernó con mano de hierro Europa Oriental desde los balcanes hasta Oriente Medio. Ya en la era contemporánea, Turquía sufrió la derrota en la Primera Guerra Mundial y la desintegración del llamado "enfermo" de Europa. El tratado de Capitulación, el poco conocido Tratado de Sèvres (1920), impuso unas condiciones draconianas como la independencia de Armenia o la partición del territorio otomano en zonas de influencia occidentales. Esto no solo privaba a los turcos de su gran imperio sino que les convertía de facto en una pequeña nación de escasa relevancia y muy empobrecida a raíz del conflicto bélico. Afortunadamente, la suerte cambio de bando, con la extraordinaria transformación experimentada por Mustapha Kemal "Ataturk" (Padre de los Turcos), Turquía dejaba definitivamente atrás su pasado imperial y se convertía en un república cimentada en cuatro pilares fundamentales: el ejercito, la laicidad, nacionalismo homogéneo y Estatismo. A raíz de ello, su papel cambiaría radicalmente y Turquía pasó a situarse en el bando ganador en la Segunda Guerra Mundial. Por ello, ocupó un papel protagonista en en el nuevo Orden Mundial Mundial configurado en 1945, fue miembro fundador de la ONU (1945),  se integró en la OCDE(1961) la OTAN ( 1952) o el Consejo de Europa.

Hoy casi 70 años después nadie puede discutir la relevancia de Turquía en la construcción de la Europa Moderna. Pese a sus muchos devaneos y numeras polémicas, la mayor sin duda la invasión de Chipre en 1961 y la constitución de la denominada " República Turca del Norte de Chipre" solo reconocida por Turquía y motivo de conflicto en las negociaciones de adhesión a la UE, Turquía forma parte de los llamados "países emergentes". País de identidad musulmana ( el 99% de la población profesa esa religión) pero fiel a sus principios kemalistas, ha sido el bastión tradicional de occidente en la región junto a Egipto y siempre se le ha mirado con recelo por parte de sus vecinos más díscolos. Esta identidad, sin embargo, ha empezado a diluirse en la última década y hoy muchas dudan de cual es la dirección que realmente va a tomar Turquía de cara al futuro.

Selfie de Erdogan en la red social twitter que el mismo prohibió. Fuente,: archivo personal

El responsable de este cambio de rumbo no es otro que Recep Tayyip Erdogan, actual presidente de la república desde 2002 y fundador del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) que gobierna con mano de hierro. El mandatario turco nunca ha pasado desapercibido y sus medidas autoritarias han puesto en jaque algunos de los cimientos más sólidos del Estado turco. 

  1. En lo que respecta lo ideologico  islamismo y kemalismo no parecen demasiado compatibles. Actualmente es el bloque neo-otomano el que ha ganado la batalla ante la frustración de los kemalistas. Bajo la etiqueta de "moderado", Erdogan siempre ha transmitido la compatibilidad de ambos principios aunque abocando por una Turquía más garante del islam suní,. Esto se ha manifestado en distintas medidas: la autorización del velo en la Universidad y el conjunto de Instituciones en 2013, algo que rompía de lleno con la tradición kemalista. Por otro lado ha promovido la construcción de mezquitas y la equiparación de los estudios en escuelas islámicas algo que chocó con los sectores más laicos de la población presentes esencialmente en Estambul. Por último se han restringido las licencias de ventas de alcohol y limitado la libertad de expresión, con cierres momentáneos de Twitter el pasado año por las protestan en la Plaza Taksim, no en vano Turquía figura en la lista de países en peligro según informe de Human Rights Watch en parte también por el trato denigrante a la minoría kurda.
  2. Todo ello se contrarresta con los grandes avances económicos que sin duda han sido el gran aval del mandato de Erdogan. En el año 2002, cuando asumió el poder, Turquía era un país cerrado sobre si mismo con poco atractivo para la inversión extranjera y una alta tasa de paro. 10 años después, Turquía estaba experimitando tasas de crecimiento cercanas a las dos décimas, una deuda externa reducida( 36%), un sistema financiero sólido y una tasa de desempleo muy reducida (inferior al 10%). Todo ello ha impulsado la construcción de grandes carreteras e infraestructuras que han aumentado fuertemente la demanda interna en la región de anatolia permitiendo a Turquía convertirse en un país de renta media con el objetivo marcado de superar los 20.000 dolares de renta per capita en 2025. Siendo este un objetivo muy ambicioso, el país otomano se convirtió en la última década en un polo de atracción de capital exteriores, en especial procedentes de EE.UU, que obtenían grandes rentabilidades en los llamados mercados emergentes. La recomendación del Fondo Monetario Internacional insiste en la necesidad de limitar la inflación aplicando una política monetaria más restrictiva con un auge de los tipos de interés y un aumento del ahorro interno frente a la inversión. Como medidas estructurales se recomienda  luchar contra la economía sumergida y mejorar la productividad en el mercado de trabajo. Será responsabilidad del gobierno del AKP, a la espera de las elecciones de 2015,  asumir estas medidas asumiendo el coste de crecer menos ( 3%) en los próximos años.
  3. A nivel político, las victorias sucesivas del AKP y el reforzamiento creciente de la burguesía de Ankara frente al más cosmopolita Estambul ha creado fuertes grietas en la Sociedad turca. Además, La proximidad con zonas de conflicto, obligaron a Turquía a tomar posición ante la inminente entrada del Estado Islámico en Kobane. El despliegue de tropas por tierra, mar y aire han permitido a Turquía mantenerse indemne ante la amenaza "jihadista" aunque se hayan distanciado las relaciones con aliados occidentales. El desencadenante, es el papel del PKK, partido kurdo al que Turquía siempre consideró como terroristas. El asedio a Kobane y el papel de los Kurdos, junto al ejercito iraquí en la lucha contra el IS ha puesto en evidencia el papel otomano en la arena internacional. En cambio, su papel en la ayuda a refugiados sirios ha sido encomiable y prueba de ello es que es país que más refugiados sirios ha acogido, más de medio millón, con las dificultades de integración que ello conlleva. Capitulo aparte merece la carrera de fondo que ha iniciado Turquía por ocupar la hegemonía del islam suní esto le ha hecho posicionarse en contra de Al- Assad y de su aliado y gran potencia chií, Irán. 
Foto en plaza Taksim. Fuente: Elaboración propia.

En definitiva, la concatenación de factores económicos, políticos y sociales hacen que Turquía vuelva a ocupar un papel relevante en el contexto geopolítico. Como el embajador de la Turquía ante la UE nos comentó en una charla: "Nadie puede dudar del compromiso de Turquía en la defensa de la libertad y la democracia". La ambigüedad en algunas de las actuaciones del gobierno Erdogan y su tendencia hacia el islamismo ha despertado las sospechas entre sus tradicionales aliados al mismo tiempo que parece un puente tendido hacia el Mundo árabe a menudo menospreciado por Turquía. Atrapada entre Europa y Asía, Turquía padecerá una esquizofrenia, la esquizofrenia del gigante otomano.

Fuentes:
  • "Las Dos Turquías", La Vanguardia Dossier, nº32, 2009
  • http://www.politicaexterior.com/articulos/afkar-ideas/que-se-juega-turquia-en-kobane/
  • http://www.abc.es/internacional/20140812/abci-revolucion-islamica-erdogan-201408111716.html
  • Informe FMI Turquía 2014
  • http://www.lavanguardia.com/politica/20140327/54404172950/osce-turquia-atenta-contra-la-libre-expresion-al-cerrar-redes-sociales.html

Actualización: El partido de Erdogan ha arrasado en las elecciones de Noviembre 2015, confirmando la hegemonía del islamismo moderado amparado por su sólida gestión económica. Como contrapartida, la victoria deja una oposición cada vez más fragmentada, donde el PKK sigue siendo la cara visible, y produce ciertas dudas en los que temen una política crecientemente autoritaria.


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