Los españoles y el inglés: Un amor imposible

Zapatero y G.W.Bush en una cumbre.


                Lo de los españoles con el inglés parece ser algo irreconciliable, una lacra que forma parte de nuestra cultura y que  a duras penas se puede cambiar. Según los últimos datos el  65% de los españoles [1]reconocía no ser capaz de hablar, ni de leer ni de escribir en ese idioma. Pese a que los niños españoles invaden Irlanda todos los veranos, el que cada vez más gente sale de Erasmus o el éxito de las empresas españolas en el exterior, el inglés aún se nos resiste.


                Quizás el problema empiece desde arriba ya que de los presidentes que ha tenido España desde la muerte de Franco solo Calvo Sotelo, el más breve, hablaba inglés con fluidez. La admiración era casi unánime al comprobar el pasado mes de Diciembre que varios de los nuevos ministros hablaban ingles de forma fluida y alguno incluso, como el ministro de exteriores José Manuel García Margallo, hablaban francés y alemán. Sin entrar en consideraciones políticas lo cierto es que el saber hablar ingles no debería ser un motivo de admiración en un país que lleva en la Unión Europea desde 1986. Algunos achacan este problema de forma tópica al carácter mediterráneo que tiende más a “la relajación”. Sin embargo no es patrimonio común de los españoles de hecho los propios ingleses o los americanos tampoco dominan una segunda lengua. Si nos remitimos a las Estadísticas España ocupa la cola en cuanto nivel de inglés se refiere, según un reciente estudio de 2012 que nos sitúa en las últimas posiciones en una lista de 44 países[2] por detrás por ejemplo de Portugal o Polonia y al contrario que los países nórdicos que están a la cabeza. Nuestros vecinos portugueses hablan bastante mejor la lengua de Shakespeare en gran medida gracias a que no doblan sus películas al portugués, algo que en España sería inconcebible.

                Entre otros factores también se señala la difícil fonética que resulta complicada para los españoles o la falta de incentivo en los colegios donde con el nivel impartido apenas se consigue obtener una base insuficiente. “Los métodos didácticos insisten mucho en la gramática y no tanto en la expresión oral o la redacción que en la vida profesional resultan muy relevantes”, señalaba una experta en la materia. A esto hay que añadir que la incorporación del inglés a los programas docentes se produjo más tarde que en el resto de países de la Unión.  Para paliar este déficit y contentar a la UE se está intentando crear más colegios bilingües que fomenten el uso del ingles, o introduciendo asignaturas en inglés en carreras universitarias el problema es que no hay ni personal cualificado ni infraestructura para cumplir con esta necesidad.

                Al final recurriendo al tópico,  la solución pasa por abandonar en cierta dosis  la clásica expresión de cómo “Como en España en ningún lado” que mantiene a España como un país demasiado anclado en sus tradiciones. La movilidad es un reto que aún está por lograr y en un espacio comunitario a nadie le debería extrañarle que un español se fuese a trabajar a Alemania o a otros países exportando su talento. La psicosis generalizada por “la fuga de cerebros" muestra que aún nos queda mucho por avanzar.

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