Reflexión personal sobre la Justicia en España

Padre de Marta del Castillo tras conocer la Sentencia

       Inmerso en el estudio de la asignatura de Filosofía del derecho, de la cual me examino el lunes, andaba  cuestionándome sobre el rumbo que está tomando la justicia en España. Amanecíamos hoy con la noticia de que el Partido Popular se replantearía modificar la Ley del Menor a raíz de la Sentencia del caso Marta del Castillo[1]. Después de más de dos años  tratando de dar con los verdaderos culpables y elucubrando sobre el paradero del cadáver de la menor, finalmente se dictó una Sentencia cuyo resultado ha sorprendido a propios  y extraños. 



Sin entrar a valorar el contenido de la Sentencia, cuyo examen le corresponde a alguien con  cierta experiencia jurídica,  su repercusión ha generado todo tipo de opiniones. “La justicia de este país es un desastre”, “en España no hay justicia" [2]son el tipo de afirmaciones categóricas vertidas en los últimos días.  Dichas afirmaciones no pasarían de ser meras opiniones si no fueses por su retransmisión  en los principales altavoces mediáticos de este país como son los programas del corazón[3] y las Tertulias Radiofónicas. Por ello, no es de extrañar que la realidad pueda quedar  distorsionada en cierta medida.

                Si atendemos al eco que se le da a las actuaciones de la justicia en estos medios, cualquier persona ajena al campo del derecho pensaría con toda lógica que vivimos en un País de pirados donde los asesinos campan a sus anchas. El caso de Juana Chaos, el Asesinato de Mari Luz, El Caso Marta del Castillo, etc…  son algunos de los ejemplos más llamativos que sin embargo están muy alejados de lo que es el día a día de la justicia en España. Cada vez que acontece un caso de este tipo, se inicia de forma paralela un debate acerca de cuestiones ampliamente superadas. Debates como el restablecimiento de la pena de muerte, de la cadena perpetua, el ingreso de menores cárceles son defendidos a capa y espada de forma totalmente oportunista. No es menos reprobable la actitud de ciertos políticos que de forma demagógica aprovechan el descontento general para plantear estas  reformas legales para “contentar” al pueblo. La banalidad de estos debates queda en evidencia cuando tan pronto pasa un caso de estos, todo el Mundo se olvida hasta que vuelve a surgir otro caso mediático y así sucesivamente.

                En todo esto hay una cuestión que creo que es de sentido común: desde el dolor y el resentimiento no se pueden tomar las decisiones porque no se puede ser juez y parte. Que los principales defensores de estas reformas sean los familiares de las victimas es un síntoma preocupante y refleja un país más movido por lo pasional que por lo racional.

                Desde mi punto de vista el derecho por sus propios medios no puede en ningún caso reparar el daño moral causado por la pérdida de un ser querido. El fin del derecho no debe ser ese porque de esa forma nunca se alcanzarían soluciones ecuánimes. Hay debates que deben plantearse, porque la Sociedad evoluciona y el derecho no puede mantenerse ajeno a ello, ahora bien no puede pretenderse que las reformas se produzcan a raíz de este tipo de casos que no dejan de ser anecdóticos. En mi opinión hay que  mantener la serenidad suficiente para no contagiarse por el ambiente de crispación y tomar decisiones que fortalezcan una cierta vocación de permanencia de nuestras normas. Para ello aquellas personas con experiencia y conocimiento en la materia, los legisladores, son las personas verdaderamente autorizadas para adoptar reformas que obedezcan al interés general y contribuyan a crear una mayor seguridad jurídica



[2] Palabras del abuelo de Marta del Castillo, que con todo el respeto y la compasión que me merece, no parece el más adecuado para opinar en un debate donde es el principal implicado

[3] Sobre todo la cadena Telecinco amante de todo tipo de debates donde el morbo este presente.

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